“Venezuela 2017. El plan B”: nuevo libro sobre la represión chavista

Para relatar su vivencia como reportero gráfico durante las protestas y revelar aristas poco documentas, Gonzalo Martín lanza su nuevo libro “Venezuela 2017.
El plan B: periodismo de guerra”.
Durante las manifestaciones de ese año, la dictadura de Nicolás Maduro decidió silenciar toda muestra de disidencia, mientras que el periodismo sufrió condiciones extremas. El autor, Gonzalo Martín, adelantó a PanAm Post detalles de su nueva obra, basada en hechos reales que él mismo documentó como fotorreportero.
El año 2017 fue uno de los más oscuros en la historia reciente de Venezuela. Las manifestaciones colmaron las calles para exigir la salida del chavismo, en medio de una grave crisis institucional provocada por la dictadura de Nicolás Maduro, donde se incluía la anulación arbitraria de la Asamblea Nacional, electa en 2015, así como una inflación que superaba el 800% y altos índices de delincuencia.
En la memoria de los venezolanos, esa época quedó grabada con fotos de David Vallenilla, de solo 22 años, siendo transportado en una moto mientras agonizaba luego de recibir un disparo en el pecho por parte un sargento de la Aviación venezolana, o de altares en honor a Neomar Lander, de 17 años, asesinado con un proyectil de gas lacrimógeno disparado por la policía. Ambos estaban protestando. Se calcula que en los cuatro meses de protestas hubo 163 muertos, además de 2.382 heridos y 1.254 detenidos, según cifras del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social.
Para relatar su vivencia como reportero gráfico durante las protestas y revelar aristas poco documentas, Gonzalo Martín lanza su nuevo libro “Venezuela 2017. El plan B: periodismo de guerra”. Tal como explica el autor, quien fue en el pasado fotorreportero de PanAm Post, lo que se vivió durante esos meses “es una muestra de lo que ha sido Venezuela los últimos veinte años”, debido a la violencia y las arbitrariedades cometidos por el chavismo contra la población. A lo largo de las páginas, Martín relata una historia basada en hechos reales, convertida en novela, sobre la represión del régimen y un oscuro entramado de corrupción y espionaje. A continuación, una charla con el autor:
– ¿Qué buscaba plasmar en este libro?
– Se llama “Venezuela 2017” porque ese año el país fue noticia mundial y el libro trata sobre lo que originó esa noticia: las manifestaciones y protestas civiles en las calles. También se llama “plan B” porque en ese momento, cuando no se veían resultados de las protestas, había muchos rumores sobre una opción adicional si esto no funcionaba. La novela tiene un componente que explica desde mi punto de vista lo que al final fue ese plan B. Además, tiene un subtítulo: “Periodismo de Guerra”, porque la cobertura en las calles implicaba mucha violencia; había que cuidarse, igual que en el periodismo de guerra por amenazas físicas, persecuciones y disparos. Hubo alrededor de 1.300 detenidos y casi 170 muertos solo por manifestar.
– ¿Cuál es esa arista que viste de primera mano, que quizás crees que no se vio en las redes o que no se estaba cubriendo del todo desde los medios de comunicación?
– Aparte de las personas asesinadas en las protestas, de los heridos y de todos los detenidos, percibí que hay una parte que no se explicó lo suficiente: el punto de vista periodístico. Como fue una época tan convulsa y tan violenta, el periodismo se vio muy involucrado en todo lo que sucedía y fue tan víctima como fueron los detenidos. Fuimos también víctimas de perdigones, de persecuciones. Estoy hablando tanto de Sabrina –quien tambiénformó parte del staff de PanAm Post– como de mí. Esa óptica faltaba. No sentí que se estaba hablando realmente de otras víctimas, que era el periodismo haciendo su trabajo. Porque a final de cuentas, los que salieron a manifestar lo hacían porque creían en algo. Mientras que el periodismo lo hizo porque tenía que reportar, informar a la gente. Y no he visto, ni en las redes, ni en libros, ni en reportajes, mucha profundidad en la afectación que hubo para la prensa en el momento. Claro que hay muchas organizaciones y ONGs civiles que han defendido al periodismo, pero no con la intensidad que yo pienso ha debido ser.
– ¿Ese fue el motivo que te llevó a escribir este libro?
– Después de haber pasado toda esa adrenalina que se vivió en 2017, un día yo le digo a Sabrina, “esto es para escribir una novela o hacer una película”. Me dijo, “tú escribes bien, hazlo”. Entonces comencé a escribir justamente para reflejar lo que te mencioné. Esa parte que no se ha mencionado en profundidad: qué es la cobertura, qué padecían los periodistas, dónde estaban. Para exponer lo que yo creo que fue una parte muy emocionante de la Venezuela de 2017, tanto desde el punto de vista de los manifestantes como desde el punto de vista del periodista, que tenía que estar detrás de los muchachos con los escudos recibiendo el agua de la ballena y perdigones.
El libro lo empecé a escribir bajo ese concepto. Al principio pensé que sería monótono hablar solo de la violencia diaria. Entonces, me puse a hacer un poco de memoria de los rumores que había, las posibilidades de un ‘plan B’, de traiciones que se decía que había dentro del chavismo y de los opositores. Fue tratar de ensamblar lo que se decía que había, no comprobable, por supuesto. Lo que trato de poner ahí es lo que se vivió, tanto en teoría, como en la práctica.
– ¿Cuántos díasestuviste cubriendo las protestas de 2017 en Venezuela?
– Casi cuatro meses de protestas. Sabrina me pidió que la acompañara para tomar fotos mientras ella entrevistaba. Todo eso está en la novela. Todo empezó fuertemente un 19 de abril. En esa época fue la gran marcha, la gran represión. Considerando lo que pasa ahora en Venezuela tras la captura del dictador Nicolás Maduro.
– ¿Crees que tu libro pueda servir como una fuente documental de la historia reciente?
Por supuesto que sí. Pero debo ser claro: aunque hay mucha realidad, también hay ficción no demostrable, y eso no puede ser referencia histórica formal. Pero a la vista de los hechos, como se están viendo ahora, por ejemplo, con la captura de Nicolás Maduro –donde se habló de delaciones, sobre alguien que dijo dónde podía estar, indicado por el mismo gobierno norteamericano– en esta novela también se mencionan presuntas traiciones de aquel momento. Es una historia novelada. Quien la lea, la podrá interpretar y son ellos los lectores, son los que podrán decir. Lo que me encantaría. Claro, porque lo hice basado en hechos reales y en rumores reales, rumores que circulaban. Hoy está pasando algo parecido a lo que yo escribí ahí, pero no sé si yo soy quien debo decirlo.
– ¿Sería similar al relato de ‘Juan Planchart’ o la película ‘Simón’…?
– Exacto. Vi Simón y Aún es de noche en Caracas, producida por Edgar Ramírez, y están en la misma sintonía: son historias basadas en una ficción con una realidad vivida. En mi libro los protagonistas existieron y los hechos sucedieron. Que este se convierta en referencia histórica, me encantaría, por supuesto. Y de hecho la intención es esa, pero eso lo determinará la gente que lo lea.
– ¿Qué fue lo que más te impactó cubriendo las protestas de 2017 en Venezuela?
– El ensañamiento policial contra la gente más indefensa. Los jóvenes de la resistencia y la gente adulta eran conscientes de que estaban manifestando por algo y que podía haber riesgos. Sin embargo, vi en varias ocasiones el ensañamiento contra personas que tenían la ilusión por cambiar un sistema político. Salía gente a la calle a protestar y los perseguían, le lanzaban bombas lacrimógenas a los pies a gente mayor. Eso me afectó mucho. La inconsciencia o la falta de profesionalidad de los cuerpos de seguridad, de no saber discriminar a quién iban a perseguir o atacar. Eso en un principio me afectó. De hecho, a mí me tocó ayudar gente que se estaba ahogando con los gases. También presencié asesinatos. Yo estaba a 20 metros cuando mataron a Vallenilla en La Carlota. Estar en las clínicas viendo morir a jóvenes por causas políticas es algo que te marca. No había razón para tanta violencia. Claro, eso originó otras cosas, como los alborotadores de turno. Hay que mencionarlo. Gente que le encantaba también jugar al héroe, jugar a la guerra. Muchos muchachos empezaron a aprovechar eso para incorporarse a la resistencia y hacer violencia. Existía infiltrados.
– Si una persona no venezolana quisiera entender qué pasó en esos cuatro meses, ¿cómo le presentarías el libro?
– Creo que los cuatro meses de protesta de 2017 es una muestra de lo que ha sucedido en Venezuela. O sea, explicar lo que ha sucedido en Venezuela en los últimos veintitantos años es igual que explicar lo que pasó en 2017. Para mucha gente es incomprensible. Y no estoy hablando de gente que pueda tener una posición política definida, que no sea venezolano, sino simplemente describirles ‘¿qué pasa con la economía?’, ‘¿Qué pasa con la sociedad?’, ‘¿Cómo es posible que Chávez sacara tantos votos si la gente no lo quería?’. Explicar lo que sucede en Venezuela siempre ha sido muy difícil.
Si alguien de afuera me pregunta sobre lo que sucede en Venezuela, la explicación está en el libro. Venezuela, desde que ganó Hugo Chávez hasta hace poco, con la captura de Nicolás Maduro, fue manejada bajo un solo criterio, a conveniencia de los que estaban en el poder. No se puede explicar a ciencia cierta qué sucede con un patrón, con un libreto, porque Venezuela se convirtió en una tienda, en una finca de unos cuantos que la regían de acuerdo a su propia conveniencia.
– Sobre el contexto actual, ¿crees que el chavismo mantendrá ese nivel de violencia bajo la gestión de Delcy Rodríguez?
– Todo lo que está sucediendo, está en proceso, pero veo una violencia pasiva. No creo que veamos en estos días control de manifestaciones. Las van a impedir con diplomacia, con política y no creo que tampoco sea el momento de salir a protestar como se hacía antes, porque ya la mayor protesta se hizo con la captura Nicolás Maduro. Ahora todo mundo está a la expectativa.
Sin embargo, la violencia es pasiva. Por ejemplo, el gobierno norteamericano está imponiendo las normas ahora en Venezuela y una de ellas es la liberación de los presos políticos. Pero esto lo están haciendo a cuentagotas y de manera selectiva. Los policías metropolitanos de 2002, muchos quienes ya cumplieron sentencia, no los han liberado y ahora los excluyen de la ley de amnistía. Lo que yo veo es una represión pasiva donde no hay violencia, pero sí tienen a la gente reprimida. ¿Qué creo yo que debe hacer el venezolano opositor? Democráticamente tiene que empezar a tomar los espacios que corresponden porque tiene la oportunidad dorada, a través del apoyo norteamericano, de salir a manifestarse en sus posiciones políticas. No estoy hablando de la unidad de la oposición, eso tendría que venir otra vez, pero creo que en este momento el gobierno norteamericano le tiene torcido el brazo al chavismo. En lo personal, yo diría, hay que esperar porque quizás estén jugando a que termine el mandato de Trump, a que no pueda continuar por las elecciones de medio término que vienen ahora. Quizás están dando algunas largas a eso y están cediendo. Así es lo que hemos visto siempre en todas y cada una de las negociaciones que ha habido entre el gobierno y oposición. Creo que está todo en curso, creo que es muy temprano para sacar alguna conclusión, pero sí creo que la sociedad debe empezar a tomar sus posiciones políticas sin ningún complejo, sin ningún temor, porque ahora está aparentemente cubierta.
– Un mensaje final que quieras dejar a los lectores…
– La idea del libro Venezuela 2017. El plan B: periodismo de guerra, es exponer algo que yo creo que no se ha expuesto lo suficiente: el periodismo se la jugó por vocación. Se la jugó fuerte y se vio muy afectado. A raíz de ahí hubo un antes y un después en la represión contra la prensa. Antes de 2017, si bien el régimen había cerrado el canal RCTV y otras cuantas emisoras, la presión sobre el periodismo fue mucho más brutal a raíz de ese año. Por eso creo que hay que exponerlo más. El periodismo no es víctima, son héroes. Creo que eso es importante resaltarlo. Es lo que traté de hacer. Hay historias que faltan por contar desde ese punto de vista.
* Oriana Rivas, Periodista venezolana radicada en Buenos Aires. Investigación para las fuentes de política y economía. Especialista en plataformas digitales y redes sociales.
PILDORITA: Excelente obra la de mi colega venezolano Gonzalo Martín, porque en dicho libro, plasma una realidad y el dolor de un pueblo en las garras de los tiranos, los tristemente anti patriotas que forman parte de la mafia transnacional comunista/socialista. Pero, igual que él, ante el desastre que se avecina en Colombia, con unas elecciones fratricidas, amañadas, inseguras y criminales, porque sus mayores actores son los que pertenecen a la mafia, al narcotráfico, a la guerrilla, a los sindicatos, a los indígenas comprados, a los vándalos pagados y a no pocos funcionarios, parásitos de la sociedad, que por unas monedas sucias se convierten en activista, yo haré algo mejor.
En ese orden de ideas, voy a entregar, completamente gratis, 50 ejemplares en formato PDF, de mi libro “La gran farsa de la izquierda”, porque el pueblo tiene que conocer, lo que ha sido la tenebrosa y criminal izquierda, desde el siglo XVII.
Simplemente envíe su solicitud, con nombre propio al correo visiontolima@hotmail.com y con gusto se le enviará a su correo.


LA GRAN AMENAZA SOBRE COLOMBIA.- La prensa nacional e internacional, han venido dando cuenta de los estragos, desmanes y atropellos del comunista, psicópata y genocida Gustavo Petro. Colombia ya no aguanta más impuestos y detrimento en la vida social del país, donde se aguanta hambre y se vive una guerra a diestra y siniestra…. Y estos desmanes son propios de la mafia transnacional comunista/socialista y así se narra en el libro “La gran farsa de la izquierda”, con el cual el autor pretende despertar la conciencia ciudadana para recuperar el país. Solicítelo hoy mismo a través del WhatsApp




