Una entrevista amiga: la última voluntad de los dictadores

Escribe: Marcelo Duclos*
Así como Nicolás Maduro concedió una entrevista a Ignacio Ramonet con el reloj muy cerca de la alarma final, Miguel Díaz-Canel decidió hacer lo propio con Pablo Iglesias. (PanAm Post)
La última vez que se vio a Nicolás Maduro dar declaraciones antes de su derrocamiento fue en el exacto mismo formato que eligió ahora Miguel Díaz-Canel.
Las dictaduras de Cuba y Venezuela tuvieron muchos denominadores comunes. Sin embargo, resulta curiosa la idéntica necesidad de los que podrían ser los últimos dictadores de ambos regímenes, al verse absolutamente cercados por la determinación de Donald Trump y el gobierno de los Estados Unidos. Es que allí parece no haber intención de llegar al próximo proceso electoral con la teocracia iraní, el neocastrismo en Cuba y el chavismo en Venezuela, que por estas horas atraviesa una muy curiosa pero efectiva transición, que seguramente termine en elecciones libres dentro de no mucho tiempo.
Con el reloj muy cerca de la alarma final, Nicolás Maduro eligió hablarle al mundo, en un inútil manotazo de ahogado, que ahora termina siendo emulado al detalle por Miguel Díaz-Canel. Grabado el 31 de diciembre y preparado para emitirse el primero de enero de este año, los actuales reos detenidos en Nueva York (a Maduro lo acompañó su mujer, Cilia Flores, también presa en EEUU) tuvieron un intercambio supuestamente descontracturado con Ignacio Ramonet, usual cómplice del chavismo, que se prestó para varias entrevistas insólitas, donde lo único que hacía era ponerle el micrófono al dictador para que dijera lo que se le antojara.
“Siempre hemos apostado por el diálogo y la paz”, titulaba TeleSur la “entrevista” que fue la última que brindó en libertad Maduro.
Horas después, las defensas antiaéreas venezolanas eran desarticuladas y la guardia cubana aniquilada. Nicolás Maduro ya estaba volando hacia Nueva York, donde actualmente está siendo juzgado. Lo que haya querido hacer junto al escriba del régimen, no tuvo mucho sentido.
Lo que podrían ser las últimas horas de la larga pesadilla de la dictadura cubana parece emular al pie de la letra todas las estupideces que hizo Maduro antes de su derrocamiento. Las diferencias son mínimas: mientras el chavismo “armaba” a sus insólitos militantes ancianos, o mujeres excedidas de peso que se mostraban para delirantes videos de propaganda, el castrismo busca algo de la épica de la nueva-vieja troba cubana. El misil lo terminó empuñando Silvio Rodríguez. Mientras tanto, la retórica de la defensa ante la “avanzada imperialista” es totalmente calcada.
Reemplazando el paseo en auto de Maduro a Ramonet, Díaz-Canel eligió una caminata con el español Pablo Iglesias, que se acercó a la isla con un grupo de referentes de la izquierda internacional para defender al régimen, en lo que podrían estar siendo sus últimas horas. En sintonía con la falsa entrevista con el veterano comunista español, el fundador de Podemos no preguntó absolutamente nada incómodo. Le dejó las declaraciones servidas para que el tercer dictador del régimen hablara sobre las maravillas de las vacunas cubanas contra el Covid-19, se victimizara por el supuesto bloqueo y hasta se animara a esbozar teorías extravagantes: dijo que Cuba no es una amenaza para los Estados Unidos, salvo por el “ejemplo” que puede darle su país al vecino capitalista. En la misma entrevista, ante la admiración del hipócrita que se hospedó en un hotel de lujo, Díaz-Canel agregó que los cubanos están acostumbrados a cocinar con leña, sin gas y con cocinas de fogatas comunitarias, donde se acercan los vecinos de determinadas zonas. Nada que aplique a él ni sus hermanos antecesores multimillonarios.
* Marcelo Duclos, nació en Buenos Aires en 1981, estudió periodismo en TEA y cursó la maestría de Ciencias Políticas y Economía en Eseade. Excolumnista de opinión invitado de Perfil, Infobae, entre otros medios. Fue productor de POP Radio y encargado de noticias, docente de Estructura Económica Mundial y responsable de comunicación de la F. Naumann entre 2010 y 2022. Aficionado a la gastronomía, el mundo del vino y actualmente estudiante de sommelier. Músico y coleccionista de Queen.


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