Escribe: José Gregorio Martínez*.-
La Administración de Donald Trump aseguró en un comunicado que el Gobierno de Gustavo Petro aceptó todos los términos puestos por la Casa Blanca.
Si la intención de Petro era asumir el liderazgo del trasnochado discurso antiimperialista en la región, lo único que logró fue ponerle Colombia en bandeja de plata a Trump para que demostrara de lo que es capaz Estados Unidos. Finalmente, la Cancillería colombiana dio por “superado el impase”, luego de que “aceptar todos los términos” de la Casa Blanca
Después de un domingo agitado por la innecesaria crisis diplomática con Estados Unidos que creó el presidente colombiano, Gustavo Petro, el gobierno de Donald Trump celebra haber doblegado a un mandatario latinoamericano que pretendió obstaculizar su política migratoria, ya que a su vez sirve de escarmiento para el resto de países de la región, con la mira puesta en otros líderes izquierdistas como Claudia Sheinbaum en México o Xiomara Castro en Honduras, claves para garantizar el retorno de los indocumentados deportados.
Menos de 24 horas duró la soberbia de Petro, quien terminó aceptando los términos de su homólogo estadounidense, según informó la Casa Blanca en un comunicado. “El gobierno de Colombia ha aceptado todos los términos del presidente Trump, incluyendo el irrestricto recibimiento de todos los colombianos ilegales devueltos de Estados Unidos, incluso en aviones militares estadounidenses, sin limitaciones ni retrasos”.
El gobierno norteamericano agrega que las sanciones y aranceles que se habían anunciado a los productos colombianos “se mantienen en reserva y no se firmarán, a menos que Colombia incumpla el acuerdo”. Y en lo que respecta a las visas revocadas, controles migratorios más estrictos y trámites restringidos por el Departamento de Estado, la Casa Blanca precisa que se mantendrán vigentes hasta que se reciba el primer vuelo con colombianos deportados. “Los eventos han dejado claro al mundo que Estados Unidos se ha hecho respetar nuevamente”.
De la retórica política a la realidad
A pesar del claro triunfo que se anota la Administración Trump, el gobierno colombiano ha intentado –como era de esperarse– vender un discurso político a sus bases para disimular la enorme torpeza diplomática que se reduce a un ridículo show con fines electorales que está afectando a los colombianos que tenían pautada una entrevista esta semana en la embajada de EE. UU. para tramitar una visa y ha generado un natural temor en los mercados que se evidencia en el precio del dólar que este lunes se cotiza 60 pesos por encima de la media de la jornada anterior.
“Seguiremos recibiendo a los colombianos y colombianas que retornen en condición de deportados, garantizándoles condiciones dignas, como ciudadanos sujetos de derecho”, publicó la Cancillería del gobierno de Petro en un comunicado en el que se agrega que el canciller Luis Gilberto Murillo y el embajador Daniel García-Peña viajarán a Washington para “sostener reuniones de alto nivel que den seguimiento a los acuerdos”. De esta manera el gobierno colombiano anunció que se ha “superado el impase” con el gobierno de Estados Unidos.
Pocas horas atrás, Gustavo Petro había enviado desde sus redes sociales un mensaje desafiante cargado de retórica racial y resentimientos históricos con el que daba a entender que no cedería en su posición debido a su confesa terquedad. “Túmbeme presidente y le responderán las Américas y la humanidad”, dijo Petro a su homólogo estadounidense, Donald Trump, a quien amenazó con imponer aranceles a los productos provenientes de EE. UU., una medida tan ridícula como poco efectiva para intentar ejercer presión en Washington, dada las enormes diferencias en el tamaño de las economías de ambos países.
EE.UU. cambia a su embajador
En medio de toda esta innecesaria polémica creada por la caprichosa y contradictoria decisión de Gustavo Petro de impedir ese domingo el aterrizaje de vuelos estadounidenses con colombianos deportados, reclamando “dignidad”, el embajador de Estados Unidos en Colombia, Francisco Palmieri, fue removido de su cargo. Aunque trascendió que se trataría de una decisión previamente tomada por el nuevo gobierno de Trump para designar un funcionario más afín con la línea dura de la Administración entrante, no parece una casualidad que la remoción haya coincidido con la turbulencia diplomática que elevó las tensiones entre ambos países. Por su parte, Petro
aprovechó para elogiar al embajador saliente y –sin dejar de lado su retórica ideológica servil a las dictaduras de Cuba y Venezuela– bajar el tono a su confrontación con la primera potencia mundial.
Finalmente, el mandatario colombiano entendió (o le hicieron entender) que debía escoger mejor sus batallas. Si la intención de Petro era asumir el liderazgo del trasnochado discurso antiimperialista en la región, lo único que logró fue ponerle Colombia en bandeja de plata a Trump para que demostrara de lo que es capaz Estados Unidos y así terminar sirviendo como escarmiento para el resto de los mandatarios que por motivos ideológicos pretendan atravesarse en el medio de los planes e intereses del líder republicano.
* José Gregorio Martínez, Periodista venezolano dedicado a las fuentes de Política y Economía. Editor jefe de PanAm Post. Experiencia previa en medios como NTN24, El Mundo Economía & Negocios, Diario La Verdad y Globovisión.
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