Escribe: José Gregorio Martínez*.-
No hay que olvidar que fue Gustavo Petro el anfitrión de Hugo Chávez en su primera visita a Bogotá y que el mandatario colombiano avaló con la presencia de su embajador en Caracas la fraudulenta toma de posesión de Nicolás Maduro.
“El gobierno en su deriva dictatorial se apresta a decretar la conmoción interior”, dijo Gustavo Petro desde la oposición hace cuatro años para terminar declarando el pasado lunes 20 de enero, la medida excepcional que le otorga súper poderes que calificó como “dictatorial” cuando solo se consideró aplicar durante el gobierno de Iván Duque.
La coherencia no es una de las cualidades del presidente de Colombia. Y es que Gustavo Petro, quien ha declarado un estado de conmoción interior –una medida excepcional que le otorga súper poderes y no se decretaba desde hace 17 años y desde hace 23 por motivos de orden público– parece haber olvidado que por el solo hecho de haber considerado Iván Duque su implementación hace cuatro años, estando él desde la oposición llamó dictador al entonces mandatario colombiano. Afortunadamente siempre quedan evidencias de sus contradicciones.
“El gobierno en su deriva dictatorial se apresta a decretar la conmoción interior. Mi rechazo total a ese camino”, escribió el entonces senador Gustavo Petro el 5 de mayo de 2021. En ese momento Colombia estaba siendo asediada por manifestantes violentos de la llamada “Primera Línea” que, aupados y patrocinados por el propio Petro, incendiaron el país durante el paro que duró poco más de dos en rechazo a la reforma tributaria que tramitaba el gobierno en el Congreso. ¿Para qué sirvió este paro? Únicamente para impulsar las aspiraciones presidenciales de Petro.
Ahora, desde la Casa de Nariño, Petro no solo olvida que llamó dictador a Duque por tan solo haber considerado decretar la medida excepcional que él sí acaba de implementar, sino que además lo hace para intentar reparar un daño causado por su política permisiva con los grupos narcoguerrilleros como el Ejército de Liberación Nacional (eln), al que prometió en campaña “acabar en tres meses” y han pasado dos años y medio y hoy solo han conseguido reagruparse y rearmarse en medio de los interminables diálogos para terminar teniendo amenazado al país con la advertencia de que seguirá “corriendo sangre”, sin contar con que han declarado “objetivo militar” a Ecopetrol, la principal empresa de Colombia.
Petro, el aprendiz de dictador
El resultado de la política de la “paz total” de Petro es, hasta el momento, cerca de cien muertos, más de 20 heridos, unos 11.000 desplazados en el Catatumbo, región del departamento Norte de Santander fronteriza con Venezuela, como parte de la mayor escalada violenta que ha vivido la zona en años, producto de la ofensiva emprendida por el eln contra una de las “disidencias” de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (farc). Mientras tanto, Gustavo Petro, quien no se sonrojaba llamando dictador a Iván Duque, saca cuentas sobre cómo aprovechar el estado de conmoción interior para hacer avanzar su proyecto político que no ha conseguido vía libre mediante los procedimientos legislativos regulares en el Congreso.
Fue precisamente con un paquete de leyes habilitantes aprobadas por decreto en el marco de un estado similar declarado en 2001 por Hugo Chávez en Venezuela que se aceleró la desgracia del vecino país. No hay que olvidar que fue Gustavo Petro el anfitrión del fallecido dictador venezolano en su primera visita a Bogotá y que el mandatario colombiano avaló con la presencia de su embajador en Caracas la fraudulenta toma de posesión de Nicolás Maduro el pasado 10 de enero. ¿Será este el camino por el que piensa llevar a Colombia?
* José Gregorio Martínez, Periodista venezolano dedicado a las fuentes de Política y Economía. Editor jefe de PanAm Post. Experiencia previa en medios como NTN24, El Mundo Economía & Negocios, Diario La Verdad y Globovisión.
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