La sombra de la muerte en el gobierno Petro

Escribe: Luis Hernando Granada C.*
Es como un velo macabro que cubre el país; es ese velo negro que anuncia a diario la muerte, en un “gobierno” en las garras de un psicópata y genocida, que parece tener como misión, asesinar a un pueblo, sin importar ni los medios ni los canales.
No ha pasado un solo día, durante el “gobierno” del psicópata y genocida Gustavo Petro, que como mínimo, no se registre una muerte, ya sea porque mueren en las puertas de los hospitales, en sus casas sin medicamentos, en los pueblos como consecuencia del avance criminal de los narco terroristas, o en accidentes que se registran sospechosos. Sospechosos porque al final, nadie descubre la verdad.
Hace pocos días –el pasado 23 de marzo–, un avión de la Fuerza Aérea Colombiana, por errores y detalles aun no muy claros, pierde altura recién había despegado y cae al suelo dejando a su paso más de 130 víctimas entre muertos y heridos.
Las conjeturas son muchas: Que llevaba sobrepeso; que la pista no era la adecuada en extensión; que no se le había hecho el mantenimiento adecuado; que la tripulación cometió fallas; que hubo una falla mecánica, que, que, que y más “ques” y suposiciones. La más ridícula de las conjeturas fue precisamente la del psicópata y genocida Gustavo Petro, al afirmar –desde su trinchera de X–, que “el avión comprado por Iván Duque a Estados Unidos, era una chatarra”. Miente como una sirvienta, porque el avión no fue comprado sino donado por el gobierno americano y estaba en óptimas condiciones y en su registro se relacionaban varios vuelos sin contratiempos. Lo cierto es que hoy Colombia llora la muerte de casi un centenar de héroes de la patria.
La hipótesis más fuerte, es que el avión tuvo fallas mecánicas por carencia de un mantenimiento adecuado. Eso no sería raro, porque en Colombia hay dinero para comprar votos para tratar de imponernos desesperadamente a otro psicópata y genocida como Iván Ce peda; hay dinero para pagar conciertos y llenar plazas públicas donde se hace cínicamente, con dineros del Estado, marchas y concentraciones, a favor del mismo sujeto; hay dinero para traer desde los resguardos indígenas a los vagos de las “guardias indígenas”; hay dinero para pagarle una gruesa e injustificada suma mensual a los vándalos de la “primera línea”; hay dinero para viajar a visitar a sus secuaces comunistas y con gran comitiva a bordo; hay dinero para seguir sosteniendo un ministerio tan obsoleto como el de la “igualdad”; hay dinero para seguir sosteniendo a la JEP, el bodrio anticonstitucional del camarada Chucky Santos, donde se perdona a los terroristas y narcotraficantes y se castiga con cárcel a soldados y policías; y en pocas palabras, hay dinero para todo lo que huela a crimen, a abandono, a miseria y desde luego a muerte.
Ni siquiera cuando la China comunista nos “obsequió” –por negocio–, el virus del Covid-19 se había registrado tantas muertes, como las que lleva el psicópata y genocida Gustavo Petro en menos de cuatro años de “gobierno”.
El pacto no es histórico sino diabólico, porque la alianza con la muerte es evidente, es real, es deplorable.
Se acerca ahora lo peor
Muchos son hoy en día los mamertos arrepentidos; muchos son los ciudadanos de bien, que sueñan con que, al acabarse el mandato del psicópata y genocida, Colombia pueda cantar a pleno pulmón, el estribillo del Himno Nacional que reza “cesó la horrible noche”. Hay en estos momentos, una luz de esperanza, en una extraña mezcla con un temor gigantesco frente a la posibilidad de que la mafia transnacional comunista/socialista llegue de nuevo al poder, si llegan a imponernos a otro psicópata genocida peor, como lo es Iván Ce peda.
Y el temor radica, en que los votos no serán puros, no serán dentro del marco de la Democracia, sino a través de la imposición, en muchos casos con arma en mano, de los narco terroristas, que obviamente recibirían los beneficios de otro mandato igual o peor al de Gustavo Petro.
Ce peda ha confesado –en varios medios nacionales e internacionales–, que es comunista, que su formación es contraria a la libertad, a la independencia, a la Democracia.
El peligro radica, en que a pesar de que los ciudadanos de bien no votarán por Ce peda, pero esta “campaña” cuenta con todos los votos de los grupos guerrilleros que se quitarán el camuflado y esconderán sus fusiles para acercarse a las mesas de votación; de los indígenas comprados, de los funcionarios amenazados; de los sindicalizados que no reciben beneficios, pero que igual están amenazados; de los vándalos de la “primera línea”; sin descontar que posiblemente vuelvan a levantar a los muertos de sus tumbas y a los jóvenes que aún no han reclamado sus cédulas, para ponerlos a votar. ,
Pero además, a todo lo anterior hay que sumarle los votos de los liberales y conservadores apátridas, que por unas sucias monedas o por promesas falsas, acudan a las urnas a apoyar a Ce peda.
A Colombia tenemos que salvarla de la mafia transnacional comunista/socialista porque el comunismo, el socialismo, el pobre sismo, tal como lo consigné en mi libro “La gran farsa de la izquierda” estos movimientos solo promueven la corrupción, la expropiación, el secuestro y la muerte.
* Luis Hernando Granada C., Periodista, Publicista con más de 50 años de experiencia. Ex subdirector de la Revista El Congreso, ex Director y colaborador de varios medios de comunicación escritos, impresos y digitales. Autor de la Novela “El Imperio del terror” y de los libros “¿Y cómo es la vuelta?” y “La gran farsa de la izquierda” y Gestor Cultural del Tolima.


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