Escribe: Oriana Rivas*.-
“Ser libre es cool” explica a jóvenes lectores cómo defender la autonomía personal y así no ser seducido por los engaños de la izquierda. (PanAm Post)
En un mundo saturado de ideas populistas de izquierda, que prometen “todo” como una mera falacia para conseguir seguidores, la doctora en Ciencias de la Educación, abogada y filósofa, Joanna Gabriela Guerra, lanza su obra donde explica las ideas liberales de una manera práctica. “Este libro me confirmó que hay una generación lista para escuchar sobre libertad”, asegura en diálogo con PanAm Post.
¿Cuál es el valor de la libertad individual y de la responsabilidad personal? ¿Cómo lograr que los Gen Z (nacidos entre 1995 y 2015) se interesen por estos conceptos? La tarea no es fácil. El liberalismo tiene grandes referentes como los economistas Ludwig von Mises, Murray Rothbard o el filósofo John Locke, considerado como el padre del liberalismo. Sin embargo, la difusión de sus ideas puede verse limitada entre las nuevas generaciones, sumergidas en redes sociales como TikTok.
Allí, en esa falta de atención por el mundo real que parece pasmar a los jóvenes, es donde Joanna Gabriela Guerra, doctora en Ciencias de la Educación, abogada y filósofa, vio la oportunidad de escribir Ser libre es cool. Tal como indica la autora, “los conceptos y principios del liberalismo no son ideas lejanas o meramente políticas, sino decisiones que toman a diario”.
Entonces, la obra se convierteen una guía destinada a los jóvenes para que conozcan la importancia de ser dueños de sus decisiones, entender la propiedad personal como la extensión de uno mismo, además de explicar la importancia de un gobierno limitado que permita a los ciudadanos ser responsables de sus acciones.
En un mundo donde la izquierda se adueña de banderas como la educación pública, la justicia social o la supuesta defensa del colectivo LGBT para seducir a la juventud, surgen ideas como las de Guerra, quien plasma de una manera digerible las ideas liberales a través del uso de aplicaciones de redes sociales, servicios de streaming y referencias a películas populares.
A continuación, el diálogo de PanAm Post con la autora:
¿Cuál fue el mayor reto al momento de abordar conceptos como libertad individual y la responsabilidad personal con el fin de explicarlo a jóvenes adolescentes?
Hacerlo interesante, atractivo, fácil de leer y, sobre todo, cercano. Hablar de libertad y responsabilidad puede parecer abstracto o aburrido si no se conecta con su realidad, limitándonos a términos académicos. Por eso usé ejemplos de su día a día, como redes sociales, plataformas de streaming y muchas referencias a películas y series. Con esto, intenté mostrar que los conceptos y principios del liberalismo no son ideas lejanas o meramente políticas, sino decisiones que toman a diario, como elegir qué app utilizar, qué consumir, con quién interactuar y qué hacer con su tiempo y dinero.
En tu libro Ser libre es cool dedicas un capítulo a la igualdad, ¿Por qué podemos afirmar que “igualdad” desde el liberalismo no se asemeja a la “igualdad” de la izquierda? Entendiendo que durante años líderes socialistas han usado términos como “igualdad”, “justicia social” o “retribución histórica” para presentar una visión romántica que atrae a jóvenes a sus filas.
Porque el liberalismo defiende la igualdad ante la ley, mientras que la izquierda busca igualar resultados a la fuerza. El liberalismo permite que cada persona sea libre de elegir cómo alcanzar su felicidad y prosperar según su talento y esfuerzo. En cambio, la izquierda necesita quitarles a unos para darle a otros y redistribuir la riqueza, lo que inevitablemente nos lleva a la igualdad en la pobreza. Esto lo podemos ver en países socialistas, donde, con excepción de los gobernantes, todos son igualmente miserables. Lo preocupante no se limita a la falta de acceso a bienes y servicios, sino que la narrativa de izquierda que destruye incentivos y crea dependencia del Estado, dándole un poder que no le pertenece. Ninguna persona, institución o gobierno tiene la facultad de decidir qué es lo mejor para cada quien.
Un ejemplo claro es Star Wars, la rebelión lucha por la igualdad ante la ley contra un imperio que impone su visión del “bien común”, un concepto vago y arbitrario. En una galaxia con especies tan diversas, lo que es bueno para unos puede ser dañino para otros. Lo mismo ocurre con los gobiernos que intentan planificar la vida de cada persona: nos quitan la responsabilidad, la libertad y el derecho a buscar nuestra propia felicidad. Es un sistema contrario a la propia naturaleza humana, porque cada individuo es un fin en sí mismo. La diferencia es clara: ¿Quieres libertad o un sistema donde el Estado decide por ti?
Ludwig von Mises llamó a las universidades de su época “viveros del socialismo”, y es que a los estudiantes se les enseñan tópicos y autores de izquierda sin instruirlos en el pensamiento crítico, sumado a la influencia del Estado a través del financiamiento y del programa educativo de las instituciones públicas.
¿Cómo se puede contrarrestar actualmente un aparato de esa magnitud?
En América Latina y en muchas partes del mundo el adoctrinamiento estatal es evidente y cada vez mayor. Sin embargo, hoy tenemos una herramienta poderosa: el internet. El conocimiento está literalmente en la palma de nuestra mano, pero el reto es fomentar el pensamiento crítico para que las personas se atrevan a utilizarlo.
Existen diferentes formatos para aprender: shorts, podcasts, debates, libros. Sin embargo, el internet es un arma de doble filo. Así como hay contenido liberal –aunque todavía en menor medida–, también hay una enorme cantidad de propaganda de izquierda. Por eso, el desafío es enseñar a los jóvenes que no hay un solo discurso válido, que siempre hay alternativas y que deben atreverse a cuestionar lo que les imponen como verdad absoluta. Ahí es cuando la sociedad progresa, porque nacen nuevas ideas y todos nos beneficiamos de ellas.
Hace dos años se calculaba que –solamente– los adolescentes argentinos pasaban más de nueve horas diarias mirando pantallas, lo que equivale a unos 147 días al año, según la consultora Sortlist. Ese número parece ir en aumento por el consumo de TikTok o de plataformas de streaming. ¿Es posible lograr que se interesen por conceptos como el libre mercado?
Sí, cuando estás convencido de algo, nada ni nadie te detiene. Como dice el dicho en inglés: “when there’s a will, there’s a way”. Pero hay que hablarles en su idioma y adaptarnos a su manera de comunicarse. Claramente, la Gen Z no es como los millennials; viven sobreestimulados y tienen una forma de procesar la información diferente.
Por eso, debemos encontrar maneras directas, fáciles y breves de comunicar las ideas de la libertad, usando gráficos, subtítulos llamativos e incluso tendencias de redes sociales. Si los jóvenes pasan horas en TikTok, el mensaje debe estar ahí, presentado de manera dinámica y entretenida. No se trata de obligarlos a leer tratados de economía, sino de mostrarles cómo el libre mercado está presente en su vida diaria: en la música que escuchan, los productos que eligen, las apps que usan.
Cuando entienden que su libertad de elección depende de un sistema basado en la competencia y no en la imposición, empiezan a verlo con otros ojos e incluso comprenden por sí mismos que el estatismo no es correcto. Una vez que conectan estos principios con su realidad, prefieren la libertad sin necesidad de que alguien se los imponga.
Por lo general, las ideas libertarias se difunden entre adultos, no suelen ser abordadas desde el punto de vista adolescente más allá de que han surgido programas en YouTube o influencers apegados a esta corriente ideológica. ¿Qué enseñanza te dejó la creación de Ser libre es Cool teniendo en cuenta este contexto?
Que hay una enorme oportunidad para conectar con los jóvenes si se les presenta el mensaje de forma auténtica. No necesitan más discursos académicos, sino ejemplos reales y aplicables a su vida. Es un error subestimarlos: los adolescentes tienen inquietudes sobre su futuro, la economía, la política, pero muchas veces no encuentran espacios donde se les hable sin paternalismo ni imposiciones.
Este libro me confirmó que hay una generación lista para escuchar sobre libertad (y la responsabilidad que conlleva), pero es clave saber cómo acercarles la conversación. Cuando una persona espera que alguien más –ya sea otra persona, una institución o el gobierno– resuelva sus problemas, está entregando el control de su vida. En el libro uso ejemplos que demuestran que cuando las personas tienen más control sobre sus decisiones, la innovación y la prosperidad florecen. La libertad requiere esfuerzo, pero también trae recompensas que ningún gobierno puede garantizar.
* Oriana Rivas, Periodista venezolana radicada en Buenos Aires. Investigación para las fuentes de política y economía. Especialista en plataformas digitales y redes sociales.
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