Escribe: Gabriela Moreno*
Presionar a Maduro es también presionar a China, y Trump lo tiene claro. Así lo reflejan las declaraciones de Mao Ning, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, quien afirmó que Pekín se opone a “cualquier medida que viole los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, así como la soberanía y seguridad de un país”. (EFE)
Abstenerse y brindar solo mayor cooperación económica con tímidos pronunciamientos en defensa de Miraflores es el camino que comienza a tomar el régimen de Xi Jinping en el conflicto, para evitar el compromiso de un apoyo militar con Caracas, así como el despliegue de cualquier otra medida que pueda conducir a una confrontación militar con Washington.
Las expectativas del régimen de Nicolás Maduro de recibir un apoyo incondicional de China tienen pocas probabilidades de materializarse, tras la decisión de Estados Unidos de desplegar tres destructores y un escuadrón anfibio con 4.000 marines en el Caribe, junto con el anuncio de una recompensa de 50 millones de dólares por información que conduzca a su arresto. Pekín ha reaccionado con cautela.
Abstenerse y brindar solo mayor cooperación económica con tímidos pronunciamientos en defensa de Miraflores es el camino que comienza a tomar el régimen de Xi Jinping en el conflicto, para evitar el compromiso de un apoyo militar con Caracas, así como el despliegue de cualquier otra medida que pueda conducir a una confrontación militar con Washington.
Esa es la interpretación de Guo Cunhai, investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Academia China de Ciencias Sociales (CASS), ante la escalada de presión de la Casa Blanca contra Maduro, publicada porSouth China Morning Post.
Cunhai anticipa que China esquivará nuevas fricciones con la administración de Donald Trump, por lo cual apostará a limitar su respaldo a Maduro con una posible expansión de los negocios petroleros, que se mantienen con el transbordo de 400.000 barriles diarios a través de intermediarios en terceros países, y las transferencias de tecnología.
Con esta proyección coincide Jiang Shixue, vicepresidente de la Sociedad China de Economías Emergentes de la CASS, tras destacar que “la cooperación militar entre Pekín y Caracas es limitada y está estrictamente confinada a un nivel que no desestabilice la región”. Si el régimen de Xi Jinping rebasa la línea tendría consecuencias.
Prudencia para no molestar a Trump
Presionar a Maduro es también presionar a China, y Trump lo tiene claro. Así lo reflejan las declaraciones de Mao Ning, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, quien afirmó que Pekín se opone a “cualquier medida que viole los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, así como la soberanía y seguridad de un país”.
A esa cita se redujo el pronunciamiento de China. Es prudencia ante un conflicto que se agudiza en el transcurso de los 90 días de tregua de la guerra arancelaria. Un exceso geopolítico de Xi frente a la acción de Trump que busca frenar, en paralelo, la creciente influencia de China en América del Sur con el jaque a uno de sus principales socios en la región, sería catastrófico para las arcas de Pekín. Yasu economía se desacelera. Las estadísticas de julio revelaron que la producción industrial, las ventas minoristas y la inversión no alcanzaron las expectativas.
Li Min, investigador del Instituto de Relaciones Internacionales de la Academia de Ciencias Sociales de Shanghái, insiste en que la Casa Blanca incrementa su competencia estratégica y energética contra China a través de un tercer país. La razón es clara: socavar una de las principales fuentes de importaciones de petróleo de China, debilitando así su influencia en el mercado energético internacional.
“La intención de Washington es bastante evidente: busca continuar limitando el salvavidas político de Venezuela y también preservar sus ventajas geopolíticas y económicas en el hemisferio occidental”, indica el experto en declaraciones recogidas por South China Morning Post.
¿Amistad inquebrantable?
Ahora bien, detrás del sigilo de China hay temor. El régimen de Xi prefiere la continuidad del chavismo, no solo para proteger las asociaciones económicas, sino los acuerdos de deuda existentes con Maduro que rozan 67.000 millones de dólares con Venezuela.
Su detención sería una estocada para Pekín, que es el mayor acreedor de Caracas, después de convertirse en el salvavidas económico vital de la dictadura frente a las sanciones de Estados Unidos mediante préstamos de bancos políticos chinos.
En las filas del oficialismo toman cualquier gesto por tibio que sea. De hecho, el canciller venezolano, Yván Gil, agradeció a China por su firme rechazo a las amenazas de Estados Unidos ofreciendo muestras de “amistad inquebrantable” entre las dos naciones.
* Gabriela Moreno, Periodista venezolana residenciada en Chile. Egresada de la Universidad del Zulia. Experiencia como editora y productora de contenidos para medios impresos y digitales con énfasis en las fuentes de políticas.
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